ENTREVISTA

Los requerimientos de capital para los bancos se están estabilizando

Entrevista con Andrea Enria, presidente del Consejo de Supervisión del BCE, Supervision Newsletter

13 de noviembre de 2019

Andrea Enria, presidente del Consejo de Supervisión del BCE, afirma que los bancos tienen ahora una mayor capacidad de resistencia y que las expectativas supervisoras se están estabilizando, pero la próxima tormenta podría estar avecinándose. También destaca qué hace que una fusión sea exitosa y por qué necesitamos más transparencia en la supervisión.

La supervisión bancaria europea cumple cinco años este mes. El BCE y el sistema de supervisores en general han sido bastante estrictos con los bancos en lo que se refiere a los colchones de capital y a los niveles de préstamos dudosos. ¿Tienen los bancos capacidad de resistencia suficiente?

Cuando la supervisión bancaria europea despegó hace cinco años, los bancos estaban aún luchando para hacer frente al legado de la crisis y sanear sus balances. Tenían que reforzar sus posiciones de capital; estaban sobrecargados de préstamos dudosos; se enfrentaban al escepticismo sobre la fiabilidad de sus modelos internos y, por tanto, del cálculo de sus activos ponderados por riesgo; y tenían que corregir las debilidades de sus procedimientos de gobernanza y de control interno. Hemos recorrido un largo camino desde entonces: el proceso de reparación posterior a la crisis está llegando a su fin y el nivel de requerimientos supervisores para los bancos se ha estabilizado en consecuencia.

En la actualidad, los principales bancos europeos mantienen más capital y de mejor calidad, con una ratio media de CET1 del 14,4 %. Por tanto, observamos que, en general, los requerimientos y los colchones de capital se están estabilizando, y que los supervisores están centrándose cada vez más en áreas de riesgo específicas de los distintos bancos. Al mismo tiempo, el nivel de préstamos dudosos está reduciéndose rápidamente, desde en torno a 1 billón de euros en 2014 hasta menos de 600.000 millones de euros en la actualidad. Sin embargo, los indicadores de calidad de los activos no han vuelto aún a los niveles anteriores a la crisis y todavía vamos a la zaga con respecto a otras economías. Pero vamos en la dirección correcta y los bancos están cumpliendo, y a menudo, superando, los objetivos acordados con los supervisores.

Así, para responder a la pregunta inicial, diría que sí, que los bancos son ahora más resistentes. No obstante, el sector bancario de la zona del euro tiene aún el problema de la reducida rentabilidad, que se está traduciendo en bajas valoraciones de mercado. Esto refleja asimismo el exceso de capacidad existente en el sistema y la preocupación acerca de la sostenibilidad a largo plazo de los modelos de negocio. Dentro de la zona del euro, la actividad bancaria sigue estando segmentada en gran medida por las fronteras nacionales, lo que supone una rémora adicional para la eficiencia de los bancos. Por último, continúa siendo necesario introducir mejoras en la gobernanza interna y la cultura de riesgo.

¿Qué puede hacerse para mejorar la rentabilidad de los bancos?

Por una parte, los bancos necesitan centrarse en áreas en las que pueden mejorar, por ejemplo, el incremento de la eficiencia de costes, la inversión en tecnologías y el diseño y la aplicación de mejores estrategias. Esto les ayudará a aumentar su rentabilidad. Por nuestra parte, hemos de mantener la presión mediante, por ejemplo, nuestro análisis de los modelos de negocio. Pero también tenemos que reconocer que existen impedimentos estructurales en los mercados que deberíamos contribuir a abordar. Unos bancos saneados y rentables tendrán mayor capacidad para resistir la próxima tormenta, que ya se aprecia en el horizonte.

¿En qué aspectos se centrarán los supervisores a la hora de examinar los bancos en los próximos años?

Sin duda, continuaremos trabajando en el saneamiento de los balances de los bancos. Haremos un seguimiento de nuestras directrices sobre los préstamos dudosos para ayudar a las entidades a seguir reduciendo su volumen y a provisionar mejor los que tengan en el futuro. También continuaremos trabajando para garantizar la adecuación de los modelos internos, que son ampliamente utilizados por los bancos europeos. Dado que estos modelos desempeñan un papel importante en la determinación de los requerimientos de capital, las entidades tendrán que subsanar todas las deficiencias que hemos detectado en nuestra revisión específica. Por último, examinaremos más atentamente el riesgo de la cartera negociación y la valoración de los activos, prestando especial atención a los instrumentos complejos contabilizados a valor razonable.

A más largo plazo, trabajaremos para limitar el flujo de riesgos en origen. En los últimos meses hemos recopilado datos sobre los criterios de concesión de crédito de los bancos y los utilizaremos para entender mejor el proceso de aprobación de préstamos de las entidades y para identificar los riesgos en los distintos segmentos de negocio de sus carteras crediticias, a fin de poder tomar medidas en caso necesario. Otras cuestiones que consideramos prioritarias son los riesgos tecnológicos y los ciberriesgos, la gobernanza y el control interno, así como la sostenibilidad general de los modelos de negocio de los bancos.

A medida que la memoria de la crisis va desapareciendo, tendremos que hacer frente a un aumento de las presiones para rebajar los requerimientos reglamentarios y relajar la presión supervisora sobre los bancos. Debemos luchar con uñas y dientes para mantener nuestro modelo de supervisión, que ha demostrado ser extraordinariamente eficaz. Pero creo que también tenemos que plantearnos una simplificación. Tanto los supervisores como los bancos se quejan de que nuestro modelo es bastante gravoso y no siempre es capaz de asignar recursos en función del riesgo. Debemos realizar un esfuerzo genuino para reducir la carga de cumplimiento administrativo y adoptar un modus operandi más ágil, siempre que esto pueda hacerse sin menoscabo de nuestros objetivos.

La sobrebancarización en algunas partes de Europa y la necesidad de fusiones se han debatido con frecuencia. ¿Exigirá automáticamente a las entidades fusionadas aumentar su capital, como algunos creen? ¿Cuáles son los factores decisivos para el éxito de las fusiones desde el punto de vista de la supervisión?

Es cierto que existe un exceso de capacidad en el sector bancario europeo, y que tenemos este problema desde hace bastante tiempo. En lugar de salir del mercado, muchos bancos débiles aguantan y ejercen presión sobre los márgenes de todos los demás. En consecuencia, los bancos europeos son menos rentables de lo que podrían ser.

El sector necesita concentrarse, y esto ayudaría a recobrar la eficiencia y a corregir el exceso de capacidad. Las fusiones, tanto nacionales como transfronterizas, serían útiles, y no sirve de nada debatir en términos abstractos lo que es más deseable. Las fusiones nacionales podrían generar mayores mejoras de eficiencia debido a la existencia de redes de distribución solapadas. Las fusiones transfronterizas contribuirían a lograr un mercado bancario europeo más integrado en el que los riesgos podrían estar más diversificados y las perturbaciones se absorbieran mejor. Lo más importante es que las normas y las políticas no obstruyan las opciones de los bancos.

Aunque estoy firmemente a favor de la concentración, como supervisor no me corresponde promover activamente, ni desalentar, cualquier forma de concentración bancaria. Los supervisores evaluamos la viabilidad y la sostenibilidad de la fusión desde el punto de vista prudencial. Una operación de concentración exitosa daría como resultado un banco con un modelo de negocio con una gobernanza sólida, capital y liquidez suficientes, así como los medios para aumentar la rentabilidad. Me gustaría disipar la idea de que el BCE exige mayores niveles de capital a las entidades fusionadas. Los requerimientos y los colchones de capital reflejan la evaluación supervisora del plan de negocio de cada operación propuesta y tienen una perspectiva a medio plazo. Nuestro objetivo es apoyar, en lugar de desanimar, la reestructuración eficaz de las entidades fusionadas y garantizar que el modelo de negocio resultante sea sostenible.

Desde la creación de la Supervisión Bancaria del BCE, los bancos han expresado su preocupación acerca del exceso de datos que solicita el supervisor. ¿Cuáles son los beneficios de estas recogidas de datos y qué puede hacer para aliviar la carga informadora para los bancos?

Somos conscientes de la carga que el cumplimiento de las obligaciones de información supone para los bancos. Es una cuestión que nos plantean a menudo y que estamos considerando detenidamente.

Creo que el BCE ha realizado importantes esfuerzos para garantizar un enfoque proporcionado. El alcance y la frecuencia de nuestros requerimientos de información varían en función del tamaño y del nivel de riesgo del banco, tal como se refleja en nuestro juicio experto de supervisión. Y, por regla general, los bancos más pequeños presentan a los supervisores muchos menos puntos de datos que los más grandes (una media de 600 frente hasta 40.000 para los de mayor tamaño). Hemos respaldado una simplificación adicional de las obligaciones de información para los bancos de menor tamaño y la Autoridad Bancaria Europea sigue trabajando para reducir los costes de información para las entidades pequeñas y no complejas, en consonancia con la reciente revisión del Reglamento de Requisitos de Capital.

Sin embargo, hay dos cuestiones importantes que aún no hemos abordado. En primer lugar, con independencia del grado de proporcionalidad de nuestro enfoque, aún pueden generarse obligaciones excesivamente gravosas cuando se combinan con las solicitudes de información de otras autoridades, incluidas las autoridades nacionales competentes, las autoridades macroprudenciales y los bancos centrales. Se necesita una mayor coordinación. En segundo lugar, a las comunicaciones periódicas se añaden las recopilaciones de datos ad hoc. Estos ejercicios son necesarios para reflejar nuevos riesgos o profundizar en la evaluación de los existentes. También podrían ser beneficiosos para la gestión del riesgo de los bancos, ya que permitirían una comparación con entidades similares. Con todo, debemos mejorar nuestra planificación y nuestra forma de comunicar estas iniciativas y ejercer cierta disciplina. Esto es exactamente lo que estamos haciendo ahora.

Usted ha hablado de hacer las evaluaciones supervisoras más transparentes. ¿Por qué es importante y hasta qué punto puede hacerse sin vulnerar la confidencialidad en materia de supervisión?

Hay al menos dos razones por las que debemos ser lo más transparentes posible. En primer lugar, nuestras actuaciones podrían afectar a muchos interesados desde el punto de vista financiero. Esta cuestión ha cobrado incluso más importancia desde que hemos pasado del rescate externo a la recapitalización interna. Si un banco quiebra, los inversores y los acreedores se arriesgan a perder dinero. Esto significa que han de entender los riesgos que están asumiendo y necesitan disponer de información suficiente y adecuada para evaluarlos.

En segundo lugar, perseguimos un objetivo público: un sector bancario seguro y sólido, y lo hacemos desde una institución independiente, lo que significa que atribuimos mucha importancia a la rendición pública de cuentas. Esto también nos exige ser transparentes: debemos explicar detalladamente lo que hacemos, por qué lo hacemos y cómo lo hacemos. Los bancos, los inversores, los acreedores y los ciudadanos deben poder entender nuestros principios, nuestras políticas y nuestras actuaciones.

Con respecto a los bancos a nivel individual, estamos limitados por la necesidad de mantener la confidencialidad, pero creo que el sistema en su conjunto puede ser más transparente. A partir de 2021, las entidades estarán obligadas por ley a hacer públicos sus requisitos de Pilar 2. Actualmente, alrededor del 70 % de los bancos que supervisamos divulgan ya esta información. Por tanto, no estamos tan lejos, pero aún existen diferencias que no pueden justificarse en una misma jurisdicción. Espero que podamos convencer a más bancos para que publiquen sus requisitos de Pilar 2 al final del actual ciclo de supervisión a principios de 2020. Para ofrecer un contexto más extenso, podríamos incluso pensar en indicar qué evaluaciones de riesgos han determinado estos requisitos.

De cara al futuro, también deberíamos pensar en ser más transparentes en lo que se refiere a las directrices de Pilar 2 que damos a los bancos. Esto es algo que debemos considerar seriamente.

Usted ha pedido que se reconsideren las pruebas de resistencia. ¿Qué debe cambiarse y por qué?

Desde la crisis, las pruebas de resistencia han sido una herramienta importante tanto para los supervisores como para los bancos, pero deben adaptarse al entorno posterior a la crisis. Durante la crisis, su finalidad era medir el tamaño de los déficits de capital en los balances de los bancos. Hoy, los supervisores las utilizamos principalmente para identificar las vulnerabilidades que puedan dar lugar a problemas en el futuro. Pero también pueden aportar información útil para las actividades de gestión interna del riesgo de los bancos y la divulgación de una información muy detallada para los participantes en el mercado. Estos objetivos, distintos y potencialmente opuestos, han dado lugar a un ejercicio que actualmente resulta bastante complejo y que requiere una gran cantidad de recursos. Las pruebas de resistencia tienen también una dimensión de «concurso de belleza», ya que los bancos intentan presentar la imagen más atractiva posible a los mercados, a menudo a expensas de la realidad. Es hora de reflexionar y plantearnos cómo podemos mejorar.

A la hora de rediseñar las pruebas de resistencia, debemos esforzarnos por hacerlas lo más pertinentes y realistas posible. Al mismo tiempo, debemos reducir la carga que supone para los bancos y los supervisores en términos de recursos. Estos deberían ser los principios rectores para rediseñar las pruebas de resistencia europeas.

En este contexto, una opción consistiría en dividir las pruebas de resistencia en dos componentes: una perspectiva del banco y otra supervisora. La perspectiva del banco sería, en gran medida, un enfoque desagregado (bottom-up), sin restricciones, en el que cada entidad se centraría en sus circunstancias particulares. Si se hiciera correctamente, los resultados serían más realistas y relevantes para la gestión del riesgo de los bancos. La perspectiva supervisora sería un enfoque desagregado (bottom-up) con restricciones, contrastado mediante modelos agregados (top-down). Esto debería crear una mayor coherencia entre los bancos, lo que es importante, ya que los resultados proporcionan la base para determinar los colchones de capital, las directrices de Pilar 2. Las dos perspectivas podrían publicarse en paralelo para que los mercados puedan formarse su propia opinión.

Esta es solo una idea de cómo podríamos avanzar, y podría haber otras alternativas. Pero una cosa es cierta: deberíamos empezar a debatir estas ideas cuanto antes.

El Brexit se ha retrasado ahora hasta el 31 de enero de 2020. ¿Dará también más tiempo a los bancos para cumplir las expectativas supervisoras en la preparación del para el Brexit?

Desde que el Reino Unido decidió salir de la Unión Europea, hemos urgido a los bancos para que lleven a cabo todos los preparativos necesarios para el Brexit: deben tener todas las licencias necesarias para continuar dando servicio a sus clientes en la UE y han de adaptar sus modelos de negocio a la situación posterior al Brexit. En conjunto, hemos observado que los bancos, tanto los que se están trasladando a la zona del euro como los radicados aquí y que operan en el Reino Unido, se han preparado razonablemente bien para el Brexit que se preveía para el 31 de octubre.

A pesar de que el plazo se ha retrasado hasta final de enero, nuestras expectativas supervisoras y los calendarios acordados anteriormente para que los bancos apliquen sus planes para el Brexit no han variado. Seguimos instando a las entidades a que implementen los modelos operativos que tienen previstos, incluidos la transferencia de activos y de personal y el refuerzo de sus capacidades de gestión del riesgo en la UE. Nuestro mensaje sigue siendo el mismo: los plazos generales no han cambiado.

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